Corazón de tinta

Director: Iain Softley, 2008


Esta es la historia de una familia de “picos de oro”. Tanto padre, como hija, tienen el don de hacer que los personajes de los libros cobren vida. Cuando leen en voz alta, sorprendentemente, protagonistas o sucesos de los libros se reproducen en la realidad. Pero el descubrimiento de su poder se origina con unos hechos traumáticos. Cuando el padre lee el libro “Corazón de tinta (Inkheart)” para su hija, unos malvados personajes aparecen y, desgraciadamente, el extraño poder le arrebata a su esposa al interior del libro.

La historia se desenvuelve a través de los años en una búsqueda obsesiva por antiguas librerías, donde Mortimer, el protagonista, encuadernador y restaurador de libros, intenta localizar un ejemplar del libro “Corazón de tinta (Inkheart)” para poder traer de nuevo a la realidad a su desaparecida mujer y madre de su hija. En la aventura se ve acompañado por su hija, Meggie, que ha heredado el extraordinario don de su padre, y que tendrá que participar activamente en la búsqueda y la recuperación de su madre. Ambos son ayudados por varios personajes de ficción que desean volver a su mundo literario. Todas estas peripecias ocurren enfrentándose a los villanos que tratan de impedir que Mortimer y Meggie consigan sus objetivos.

Corazón de tinta” es un cuento literario que, con gran originalidad, se desenvuelve entre la realidad y la ficción. La película, apta para todos los públicos, es de domingo de cine acompañado de niños y palomitas. Es imprescindible un buen número de niños, pues la fantasía a raudales y los efectos especiales harán posible que más de uno se sorprenda, se ría o sufra con alguna de las escenas. Además, debemos agradecer que se tomen en serio la conexión entre este mundo fantástico y el literario y, en cierto modo, busque con su moraleja desarrollar la tan necesaria animación a la lectura.

La película nos deja algunos momentos realmente sublimes, donde las librerías y los libros son los protagonistas. El personaje interpretado por Helen Mirren, la tía bibliófila de los protagonistas, llega a ser entrañable y su biblioteca un espectáculo para aquéllos que adoramos estos santuarios. Dan ganas de meterse en la película, acariciar las tapas de los libros, abrir sus hojas y leer en tan genuino escenario, imitando a Maggie.

La quema de estos libros, por los villanos, recuerda también a otras terribles quemas de libros de la historia de la humanidad, pues no se queman libros, se queman aventuras, romances, gestas, saberes, conocimientos y, en todo ello, siempre vida. Este cuento hecho película es puro entretenimiento, pero no resulta nada trivial. Es siempre necesario hablar de ese refugio que son las bibliotecas, los libros y las historias que podemos encontrar en ellos. No cabe duda de que en todos late un “corazón de tinta”.