El nombre de la rosa

Director: Jean-Jacques Annaud, 1986


En el siglo XIV, un fraile, Guillermo de Baskerville, y un novicio a su servicio, Adso de Melk, llegan a una abadía en el norte de Italia de camino para una importante reunión entre la recién creada Orden franciscana y una delegación papal. Son tiempos oscuros, donde el Emperador del Sacro Imperio ha acusado al papa Juan XXII de herético.

A su llegada, fray Guillermo es requerido por el abad del lugar para investigar una extraña muerte sin explicación aparente. El fraile, antiguo inquisidor, posee una gran sagacidad e inteligencia. Su capacidad, basada en el razonamiento lógico y las evidencias, le permitirán, con la ayuda de su discípulo, ir desentrañando las intrigas relacionadas con el insólito suceso. La abadía se encuentra habitada por unos curiosos monjes que proceden de diversos lugares y que han sido atraídos al lugar por su apreciada biblioteca. Estos monjes, muchos de ellos copistas, buscan reproducir alguna de las joyas de la biblioteca para que pueda, posteriormente, formar parte del patrimonio de sus monasterios. Todos ellos, con sus extravagantes personalidades, se presentan como posibles sospechosos a los ojos de fray Guillermo.

Los días van desvelando que todos los que allí se encuentran tienen algo que ocultar, entre los vicios de la carne o del espíritu. Los anormales eventos se reproducen con una serie de nuevas y sorprendentes muertes, que van alterando el pacífico lugar. Además, la biblioteca guarda con gran celo una colección de libros prohibidos, como es el caso de la «Poética» de Aristóteles, cuyos secretos de su única copia se encuentran fuertemente protegidos de los ojos de curiosos.

Nos encontramos ante una mezcla de crónica medieval e investigación policíaca que aporta lo mejor del contexto histórico utilizando evidentes referencias al cine negro y de misterio. En el ambiente de una abadía benedictina se producen una serie de inquietantes asesinatos que vienen a interrumpir los principios del ora et labora de los monjes que allí residen. En este contexto, un fraile franciscano y su pupilo investigan los sucesos e intentan descubrir, al más puro estilo detectivesco, al asesino.

La abadía, situada al norte de Italia, nos descubre los escenarios habituales donde estos monjes hacían su vida, reconstruyendo con gran habilidad rincones llenos de detalles que nos sitúan en la época. Iglesia, claustro o refectorio revelan inquietantes espacios y tenebrosas atmósferas. Además de los lugares de trabajo, como la biblioteca, donde los copistas preservan el saber, traducen o restauran libros a la luz de la penumbra que ofrecen llameantes y consumidas velas. Es el epicentro cultural del lugar, donde se salvaguardan los tesoros y se inmortaliza el legado. Se vive el ambiente de la pluma y el tintero, pero también se ocultan los secretos entre las baldas, los libros y las páginas iluminadas. Es el siniestro hogar de los libros perdidos y envenenados.

Además, estos agrestes muros esconden celdas sombrías y cocinas llenas de hollín, donde se desenvuelve una trama que va revelando las diferentes personalidades y las historias de los clérigos. Curiosamente, este sitio, centro de recogimiento monacal y religioso, se ve envuelto por un enigmático clima, sórdido y casi maligno. Nadie se fía de nadie, todos están expuestos, todos se ven señalados. Es un desafiante juego donde se expone la capacidad intelectual del detective, la inocencia del novicio y la experiencia cruel del asesino.

La obra literaria y la ficción cinematográfica pueden llegar a traicionarse. La película no contempla toda la obra fielmente, es imposible. Los críticos cinematográficos llegaron a ser muy duros en su estreno, pero con los años se van retractando y, como el buen vino, la película ha ido adquiriendo cierta solera que hace de ella todo un clásico digno de ser degustado.